En la época colonial Menorca -como Gibraltar- fue una plaza muy disputada por las potencias europeas. Francia e Inglaterra la consideraban de importancia estratégica y muchas veces fue utilizada como moneda de cambio con la corona española. El motivo principal: el puerto de Maó. Sus 6 Km. de longitud y varias decenas de metros de profundidad lo hacen uno de los mejores puertos naturales de Europa. Estos, junto con la posición estratégica de la isla, hacían de Maó una excelente base para controlar las rutas marítimas del Mediterráneo. No es raro pues, que con la llegada del racionalismo imperial británico, Maó fuese declarada la capital administrativa de la isla.
La presencia inglesa en Menoca duró más de un siglo y durante este tiempo se llevaron a cabo diferentes obras de ingeniería como la construcción del camino de Kane, o la mejora de las fortificaciones de la entrada del puerto. El legado inglés se puede comprobar en campos diversos, destacando la arquitectura y las peculiaridades del dialecto menorquín. En la costa sur se encuentran pequeñas calas y urbanizaciones muy tranquilas.
La zona de Maó es una de las más urbanizadas de la isla, pero, como ocurre en la costa de poniente, se trata de una urbanización de baja densidad, donde se suceden pequeñas y plácidas calas de arena blanca y muy fina. Aquí encontraremos rincones pintorescos, como Es Canutells o Binibeca. En el norte encontraremos el paisaje duro y romántico del cabo de Faváritx, los antiguos núcleos de pescadores de Es Grau y Sa Mesquida y algunas de las calas más escondidas de Menorca.
Mención especial merece el conjunto de la Albufera de Es Grau i la isla de Colom. La isla por representar una Menorca en miniatura, con sus especies endémicas y sus contrastes paisajísticos. Y la Albufera porque es el Parque Natural de Menorca y núcleo de la distinción que la UNESCO otorgó en 1993 a la isla: Reserva de la Biosfera.
Este reconocimiento pone de manifiesto las buenas maneras de los menorquines para con su entorno, y la calidad y abundancia de los ecosistemas de la isla. Y además, el ejemplo de Maó y la historia de su puerto dan cuenta de la singularidad de una cultura única. Menorca, una idiosincrasia merecedora de conservación.
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